La 1º obligación del ser humano es ser feliz. La 2º debería ser hacer felices a los demás. Ambas son parte de un todo. A la vista del empeño que ponemos en ser felices y del escaso éxito que conseguimos, uno no puede por menos de preguntarse qué es lo que hacemos mal para fracasar una y otra vez en el intento. ¿Equivocamos los medios? ¿Seguimos un camino errado para alcanzar la meta? Lo cierto es que la felicidad se presenta como un bien esquivo, tanto que desaparece tan pronto como creemos tenerlo al alcance de la mano.
Quizás la solución del problema esté en saber lo que en realidad perseguimos. Si preguntásemos qué es la felicidad recibiríamos respuestas muy diversas y la mayoría no sabría como definirla. Para Freud consistía en amar y trabajar. A juicio de Camilo José Cela, todo se reduce a vivir tranquilo, sin culpas ni remordimientos. La más aceptada es que se trata de una especie de éxtasis de poca duración en el que uno deja de vivir en el pasado y en el futuro, ajeno a recuerdos y proyectos y casi sin sentir la realidad ni el paso del tiempo. Son momentos mágicos que hay que vivir intensamente y recordarlos después, que es como vivirlos de nuevo. En ellos se supone que el dichoso goza de buena salud, dispone de lo que desea y ha descubierto que la vida tiene sentido; por lo demás es absurdo que alguien diga que es feliz; todo lo más podrá decir que aquí y ahora respira satisfacción sin explicarse el porqué, una sensación que no sabe como retener.
Conformémonos con eliminar en lo posible los factores negativos y mantener la esperanza de que la felicidad nos espera a la vuelta de la esquina aunque llegados allí se encuentre una nota que dice así: “Sigue buscándola”
Conformémonos con eliminar en lo posible los factores negativos y mantener la esperanza de que la felicidad nos espera a la vuelta de la esquina aunque llegados allí se encuentre una nota que dice así: “Sigue buscándola”

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